Sin lugar a dudas, hay películas que traspasan su era, y otras que a pesar de ser una joya, yacen bajo escombros. Hoy les presentaré un título antiguo que, aunque no es muy conocido en nuestro lado del mundo, sin importar el siglo o la sociedad en que creciste, quemará tu cerebro a fuego lento. Incursionarás en el misterio sin los recursos fáciles de terror modernos, sino con el despliegue intelectual de la paranoia y suspenso.

El Hombre de Mimbre (de la traducción: The Wicker Man), fue bien recibida por el público y la crítica del cine arte. Prueba de ello es la encuesta que la revista Empire realizó en 2008 a críticos de cine y lectores, situando esta película en el puesto 485 de «las 500 mejores películas de todos los tiempos».

Obviándome las palabras, dejo el trailer esperando que florezca la intriga en sus corazones:

Una invitación a la isla y a la eternidad

La historia gira en torno al sargento de policía Neil Howie, un hombre de virtudes férreas y un devoto cristiano. Él recibe una carta anónima en busca de ayuda para rastrear a una niña perdida llamada Rowan Morrison en la localización de Summerisle, una isla remota con una población pequeña, apartada de la sociedad.

El policía acepta el caso y acude a la isla para investigar la desaparición de la niña. Sin embargo, es recibido por una extraña comunidad pagana que adora la naturaleza en sus raíces más básicas: cánticos y bailes al desnudo por los campos, con líricas que contradicen los valores de nuestro protagonista.

Al preguntar por la niña, nadie refiere conocerla y por si fuera poco, el ambiente resulta ligera pero progresivamente extraño, desde el uso de máscaras de animales hasta niños entonando temáticas eróticas. Es entonces que Howie empieza a sospechar que no sólo se encuentra frente a un culto. Al regresar a su bote nota su desaparición: está atrapado con ellos y además en vísperas de un «festival de la cosecha» celebrado anualmente.

Análisis: Hermanos y padres se toman de manos en esta película.

Me quiero detener por un momento para hacer referencia a una forma de ver dos términos que se emplean en este género, y aquella es la de Stephen King. Él sentencia «horror» como algo no natural: monstruos gigantes, experiencias paranormales, etc.

Por otro lado, «terror», término que aplica a esta película, es diferente al anterior. Terror es la paranoia, es sentir la presencia y aliento de alguien detrás tuyo y voltearse para encontrar nada. Es saber que alguien te vigila sólo para notar que nunca hubo algo ahí en primer lugar. Aquí se aplica el sentir que todos saben algo y que no te lo digan.

Es este término el que mejor representa la sensación de ambigüedad de la película apenas el policía llega a Summerisle y halla esta comunidad cerrada que proclama el amor libre.

De forma constante y a paso lento se va construyendo el pavor que empuja al protagonista al instinto de querer huir sin saber el por qué, pero al mismo tiempo su deber como policía lo obliga a continuar la investigación, adentrándose en más de una situación bizarra.

Conclusión

The Wicker Man posee elementos destacables que lo convirtieron en referencia para otras películas (e incluso canciones).

La lentitud en algunas escenas y el diálogo que es excesivo pueden aburrir a los que buscan screamers, sangre y entrañas.

Sin embargo, para los que buscan terror psicológico, esta lentitud funciona en armar pieza por pieza el misterio y la sensación sorda de peligro que va creciendo hasta el epítome del shock de la verdad revelada, con un final de alta clase. Sus personajes representan bien esas emociones (aunque algunos critican a Christopher Lee, el policía, de sobreactuar).

Es extraño, es exótico y peligroso: una triada atractiva para los curiosos.

«El Hombre de Mimbre» de 1973 es un título que fácilmente recomiendo a los fans del terror, específicamente del terror psicológico. Aunque si estás dispuesto a adentrarte en la caverna del misterio, eres bienvenido.